Viernes 20 de octubre de 2017
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Las aulas del futuro, y el futuro de las aulas

Quien saque una foto de buena parte de los salones de clase que hay en América Latina se encontrará con que no difieren demasiado de las de hace medio siglo, e incluso más. La tecnología habilita nuevas formas de enseñar y aprender, formas que buscan ahora poner al estudiante en el centro. También surgen nuevos modelos de negocio para las instituciones y de participación para los estudiantes y los docentes. La realidad, sin embargo, es que no hay quien pueda decir cómo serán esas aulas del mañana, incluso si el concepto de aula será tan universal como lo es hoy, ni qué características deberán tener las distintas currículas que en esas aulas se dictarán. Innovate & Educate 2016, organizado por Blackboard en Buenos Aires, sirvió para plantear estos interrogantes y especular sobre ese espacio educativo del futuro.

Ryon Braga, director-presidente de UniAmérica
Ryon Braga, director-presidente de UniAmérica

 

¿Se puede pensar en un modelo de formación diferente, que haga más énfasis en el alumno? Algunas de las experiencias presentadas a lo largo de Innovate & Educate 2016 permiten pensar que sí. Sin embargo, reflexionar sobre estos temas implica, en principio cuestionar lo existente. Por ejemplo, Ryon Braga, director-presidente de UniAmérica, explica: “Nuestros estudios mostraron que hay dos cosas muy malas en la estructura la currícula de las instituciones tradicionales. La primera es la división de esa currícula en disciplinas. Es muy poco constructivo para que el aprendizaje ocurra efectivamente”. El otro punto son las clases expositivas. “Son buenas para una conferencia. Pero no provocan un aprendizaje efectivo”.

El caso es que UniAmérica, que hoy tiene poco más de 1700 estudiantes y 80 profesores en Foz do Iguaçu, ha trabajado sobre estas falencias, promoviendo un modelo de educación en apariencia superador, con una estructura curricular que impulsa cuatro principios básicos: la adquisición individual de la información y comprensión de los conceptos (el alumno debe aprender a aprender y ser autodidacta), la expansión de lo adquirido a través de la participación de terceros junto con la correlación y la contextualización, la elaboración de actividades prácticas que utilicen ese conocimiento aprendido, y la aplicabilidad en problemas reales. El modelo impulsado en UniAmérica es “just in time”, en oposición al tradicional, que es “just in case”.

De experiencias como ésta se nutrió Innovate & Educate 2016, organizado por Blackboard en Buenos Aires a principios de octubre. La jornada contó con la presencia de Javier Apat, CIO de ITBA, quien habló de los cimientos tecnológicos que están permitiendo la transformación de esa institución, y de Matías Popovsky, director de Desarrollo Institucional de la Universidad de Palermo, que explicó cómo el uso de la tecnología está permitiendo superar los desafíos en la educación superior. Ambas instituciones son clientes de Blackboard, con un alcance potencial de la plataforma de unos 20.000 alumnos y docentes.

Ana Elena Schalk, e xperta en educación
Ana Elena Schalk, experta en educación

La experta en educación Ana Elena Schalk puso el foco en el cruce entre la adopción tecnológica y el liderazgo académico, porque el cambio de modelos va más allá del impacto que tenga sobre la formación del alumnado. Al igual que sucede en el mundo del transporte de pasajeros con Uber, y en el de turismo y hotelería, con Airbnb, la entrada de nuevos jugadores podría poner en jaque el modelo de negocios de las instituciones tradicionales.

PANORAMA EN TRANSICIÓN

Si bien se hace evidente que los modelos educativos necesitan cambiar, no está tan claro cómo deben formarse los docentes que participarán de él. En diálogo con ITSitio Educación, Schalk reflexiona: “El gran desafío a superar es que nuestras facultades de educación siguen ensañando de la manera que decimos que no tenemos que enseñar”. Así, las salas de clase “frontales”, donde el profesor expone a través de una presentación de Powerpoint no hacen más que perpetuar los viejos modelos. “Ha habido mucho escrito respecto de qué decisiones políticas y pedagógicas hay que tomar para reestructurar las facultades de educación”, asegura la experta mexicana, hoy residente en Chile. Con todo, en la práctica, los currículums (en la esfera pública, pero también en la privada) siguen siendo disciplinarios, fraccionados, separando la esencia de la práctica docente. “no hemos logrado trasformar las facultades y las escuelas de educación”. Con todo, el cambio no debe darse en un sólo eslabón de la cadena de formación, debe ser sistémico, agrega.

Para la experta, existe la posibilidad de innovación en el aprendizaje, más allá de Internet y las computadoras. Sin embargo, las TICs hoy se presentan como punto de inflexión. En este contexto, Schalk observa que en educación se asumen muchas cosas (y ciertos preceptos relacionados con tecnología no escapan a la regla), que en el futuro cercano deberemos revisar profundamente. “Siempre sostuve que no había universidad sin profesores, y hace unos meses apareció la primera” (se refiere a la francesa 42, un instituto de enseñanza de tecnología que aplica el peer to peer learning).

“Una de estas asunciones es la de cuánto aporta la tecnología a la calidad del aprendizaje. En 2010, se reunieron los expertos más importantes de América Latina convocados por la UNESCO en Brasil (Schalk escribió el documento resultante). En aquel momento el impacto de las TICs sobre la calidad del aprendizaje era un gran interrogante”. En 2014 apareció un nuevo estudio de la UNESCO, donde se deja ver que el uso de las tecnologías sí tiene impacto sobre la calidad del aprendizaje en los niños y jóvenes de hoy. Schalk cita estudios de Canadá e India al respecto. “Deberíamos fijarnos en que el alumno aprende mejor y aprende más que si no usara la tecnología”, observa. Los indicios apuntan a que no da lo mismo usar o no usar la tecnología. Con todo, bajo esta premisa aparecen otros desafíos, como la inclusión digital y la igualdad de oportunidades, agrega la experta.

El fenómeno de la “consumerización” en las empresas (prácticas que tenían los consumidores en sus vidas personales que entraron en las empresas, obligándolas a gestionar recursos que en principio no estaba destinados para el ámbito laboral) puede tener su correlato en el mundo de la educación. Redes sociales, dispositivos móviles, videos que alguien cuelga de Youtube y que permiten obtener nuevas habilidades… Schalk tiene la esperanza de que esto llegue, pero también quiere ser parte, “para que esto llegue más pronto que tarde”, asegura, e invita: “Miremos la educación no en función de nosotros mismos, sino de los niños y jóvenes del siglo XXI. Hace poco estuve con un Ministro de Educación, y le pedí que no pensara la reforma de la educación teniendo en cuenta los próximos cuatro años, sino teniendo en mente que va a tener impacto en sus nietos”.

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