Viernes 20 de octubre de 2017
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El futuro se construye con decisiones

Si no nos preguntamos qué impacto tendrán en nuestra realidad los robots autónomos, o cómo educamos a nuestros hijos, el futuro no será el mejor y la culpa va a ser nuestra

Pasaje al Futuro, el libro de Santiago Bilinkis, demuestra que muchas de las novedades que cambiarán de manera profunda nuestra vida, pasan inadvertidas para la gran mayoría de los medios y el gran público. La disyuntiva es básica: dejar que el futuro nos alcance, o moldearlo a través de nuestras decisiones. Hablamos con Bilinkis de este presente, que es la semilla de lo que vendrá.

Luditas y tecnófobos, o tecno-optimistas… Los discursos sobre el futuro parecen navegar entre estas dos corrientes, y a la gran mayoría nos cuesta imaginar lo que pasará en ocho o diez años más allá de la mera proyección de lo que sucede hoy (o, lo que es peor: de las predicciones del marketing). Sin embargo, el futuro sólo se puede construir con los ladrillos del presente. Es en este punto dondePasaje al Futuro, el libro de Santiago Bilinkis, intenta hacer su aporte.

“En mis charlas, y en el libro, yo hablo básicamente del presente. La mayoría de las cosas que cuento ya pasaron o están pasando”, advierte Bilinkis. Sin embargo, lo que cuenta suena a futuro lejano, lindante con la ciencia-ficción. Para muestra basta un botón. Un grupo de científicos de la Universidad del Sur de California y de la Universidad Wake Forest conectó un chip de memoria al cerebro de un ratón. Anularon la memoria biológica y le permitieron grabar recuerdos en el chip. La notica es de 2011. Algunos medios se hicieron eco del trabajo, publicado en el Journal of Neural Engineering, y sin embargo el debate sobre las implicaciones de esta noticia nunca llegó. ¿Podremos los seres humanos almacenar los recuerdos en un disco duro, como en el cuento de William Gibson, “Johnny Mnemonic”? Si lo logramos, ¿podremos llevar a la realidad especulaciones como las de la serie Joe 90, o el cuento “We Can Remember It for You Wholesale” de Phlip Dick (en el que se basó la película Total Recall / El vengador del futuro)?

Para elaborar el libro, Bilinkis se basó en novedades que, en buena medida, aparecieron en los medios, y las discutió tanto con los tecno-optimistas, como con los apocalípticos de la tecnología. “No creo que podamos confiar en que la tecnología produzca un efecto sólo positivo en nuestras vidas. Pero tampoco creo que haya que renegar de ella. Creo que la tecnología es la herramienta más poderosa y maravillosa que tenemos para transformar el mundo, entonces hagámoslo, pero hagámoslo con cuidado. No seamos ingenuos”.

—¿Cómo deberíamos abordar la tecnología?
—Kevin Kelly, co-fundador y editor de la revista Wired plantea que la tecnología es como un ser vivo, con intenciones propias. En su visión, la tecnología sabe lo que quiere y nos usa como instrumentos. Personalmente pienso que por ahora es al revés, todavía la tecnología es una herramienta nuestra. Una herramienta que podemos elegir cómo utilizar. Y esto, que puede sonar trivial, está muy mal pensado en nuestra sociedad hoy. Una columna que escribí para La Nación Revista habla de un estudio que publicó la Unesco, el cual mostró que en los últimos quince años el uso de computadoras en el aula no mostró una mejora en el aprendizaje de los estudiantes. Fue un tema que cubrieron un montón de medios, con sorpresa. Y la cuestión es bastante obvia: ¿Quién puede esperar cambios por sólo por meter una computadora en el aula para hacer “nada” con ella? No se trata de que, en lugar de hacer el trabajo en papel lo mandes por mail, o de chequear las inasistencias en la web. Eso no cambia nada, y sin embargo la mayoría de la sociedad tenía una gran expectativa del valor transformacional de eso. Esto no quiere decir que las computadoras en el aula no sean potencialmente una herramienta espectacular para reformar la educación, pero la cuestión no es el hardware, es el software. Y el software no está. En este caso, la tecnología como fin y no como medio, se convierte en un obstáculo. Porque pusimos la computadora nos desentendemos de mejorar la educación. El objetivo es mejorar la educación, no meter computadoras.

—Entonces ves con buenos ojos el que se aprenda programación en la escuela…
—Me gustaría enmarcar esto en una perspectiva más amplia. La pregunta que está detrás es: ¿Qué habilidades necesitamos que la educación desarrolle en nuestros chicos a fin de prepararlos para el mundo que se viene de acá a quince o veinte años? La educación tiene dos grandes roles. El primero es el de preparar a los chicos para el mundo del mañana, ¿qué herramientas necesitarán? El segundo rol es el de herramienta para construir ese mañana. Si a los chicos hoy les doy una formación más ecológica, como de hecho sucede, en veinte años serán distintos a nosotros, que no la tuvimos en esa medida. Ya sea por su rol positivo o normativo, la educación es acerca del mañana. La educación tiene que actuar anticipándose a los cambios del mundo, no reactivamente. Hoy en día no lo hace, no actúa ni siquiera reactivamente. La programación es una de las habilidades que creo que serán claves para manejarse en el mundo que viene, pero hay muchas otras.

Bilinkis se hace otra pregunta, mucho más incómoda. “Igual de interesante que pensar lo que hay que poner en la educación, es pensar qué hay que dejar de enseñar a los chicos”. En otro artículo que escribió hace varios meses, se preguntaba si tenía sentido seguir enseñando idiomas. “Hoy en día con una app, que funciona relativamente bien, hablás en español, la app te entiende y reproduce lo que dijiste en otro idioma. Incluso podés mirar a través de la cámara y la pantalla del celular texto escrito en otro idioma, y superpuesto aparece el texto en tu propia lengua”. Los ejemplos de estas tecnologías sobran: desde los esfuerzos por integrar traducción al chat o a las redes sociales (que ya hemos visto en la fallida red social Wave de Google, y posteriormente a Google+ y en Facebook), al Skype Translator, pasando por las herramientas de realidad virtual, como Word Lens, ya incorporada en la app Google Translate.

“Estas herramientas todavía son bastante inferiores en calidad —dice Bilinkis—, pero para los chicos que están comenzando a educarse, la pregunta es cómo funcionarán estas herramientas dentro de veinte años, con el hardware y el software que habrá dentro de veinte años. ¿Vamos a necesitar saber inglés, japonés, portugués, para comunicarnos en otros idiomas? Creo que probablemente no”.

En la Argentina, las carreras universitarias más elegidas por los estudiantes son las mismas hace más de diez años. Encabeza la lista Medicina, con 6057 inscriptos para empezar en 2015. Le siguen Psicología (4039), Abogacía (3867), Contador Público (2581), Administración de Empresas (2116) y Arquitectura (2018). “¿Qué están pensado? —se pregunta Bilinkis—. ¿Qué mundo se imaginan, si creen que el lugar más interesante para dedicar su vida en el futuro será contador o psicólogo?” En 2015, la situación comenzó a cambiar, aunque tibiamente. Según los datos del Ciclo Básico Común (CBC), el primero de abril empezaron a cursar Ingeniería 3215 alumnos. Mientras tanto, 2797 ingresantes eligieron carreras sociales.

—¿Cómo se debería tomar la decisión de una carrera para el futuro?
—Creo que se pueden tomar dos parámetros para tomar esa decisión. Por un lado, el mercado laboral, que de alguna manera refleja el valor relativo del trabajo. No quiere decir que la única meta que uno tiene al elegir una profesión sea ganar plata, pero es un indicador de cuánto valor crea cada profesión. Hoy en día, entre quienes estudian cosas vinculadas a la Informática, buena parte no puede terminar la carrera porque le llueven ofertas de trabajo. Como contador o arquitecto no llueven ofertas, ni siquiera entre los egresados. Me parece que es una señal. El segundo parámetro es preguntarme en qué campo van a suceder las cosas más fascinantes en los próximos veinte años. Creo que esto se dará en campos relacionados con la biotecnología. Los avances más interesantes van a tener que ver con el cruce de biología y tecnología. Y hoy no se estudia tanto informática o biología, sino lo mismo que estudiaban nuestros padres.

—¿Cómo nos vamos a encontrar en el futuro?
—Ésa es la pregunta fundamental del libro. Pero me parece importante anticiparte mi visión al respecto: no somos espectadores de lo que nos pasa. Depende de lo que hagamos. Si seguimos pasando las páginas de ciencia, con las noticias que pueden subvertir la naturaleza, para enfocarnos en quién quedó fuera de un reality show televisivo, si no nos preguntamos qué impacto tendrán en nuestra realidad los robots autónomos, o cómo educamos a nuestros hijos, el futuro no será el mejor y la culpa va a ser nuestra.

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